En el artículo anterior citaba un texto del publicista Stanley Bendelac, en el que éste mantenía que “es más importante cómo se presenta que qué se presenta”. Aunque lo enunciaba como una verdad absoluta, yo creo que se trata de una afirmación hecha a partir un supuesto no citado o sobreentendido por el autor. Vaya, que parece que es una afirmación demasiado general y que le falta algo, ¿no?

Para entendernos, hagamos un paralelismo con el lenguaje matemático. No os asustéis, que no me voy a meter en berenjenales… Vamos allá: un teorema es una proposición que afirma una verdad demostrable, partiendo de una o varias hipótesis o premisas que han de ser enumeradas previamente. Algo así como “suponiendo que pasa tal cosa, entonces ocurre esto”. ¿Recuerdas el famoso “si p, entonces q”? Pues eso. Se le va viendo el plumero a la idea, ¿verdad? Sigamos, pues…

En uno de los capítulos de su último libro, Lo importante no es cómo te caes, sino cómo te levantas, el publicista Stanley Bendelac (†2015) relata el estrepitoso fracaso que significó la presentación del proyecto de una campaña de publicidad ante un potencial gran cliente. Así plasmó el sucinto resumen de las causas que propiciaron tal fiasco:

“Habíamos cometido dos errores. Nos habíamos olvidado de que en una presentación para convencer a una audiencia: 1º es más importante quién presenta que qué se presenta; 2º es más importante cómo se presenta que qué se presenta. Un mismo discurso tiene un impacto sensiblemente distinto si quien lo expresa es el presidente Obama, o un funcionario de cualquier administración pública elegido al azar. Si el presentador maneja con habilidad su tono de voz, su lenguaje corporal y su contacto visual con la audiencia, su propuesta gana eficacia. Cuando se olvidan estos aspectos, la persuasión carece de fuerza, no funciona.”

¿Te has planteado alguna vez cuánto dinero invierte o gasta tu empresa en presentaciones? Porque gratis, lo que se dice gratis, no son. Hagamos unos sencillos cálculos para tener una estimación aproximada. Estas son nuestras premisas:

  1. Calcularemos el coste de una única presentación típica
  2. Supongamos un coste salarial mensual del trabajador que hace la presentación de 2.500€ (es que ya lleva tiempo en la empresa y es un cargo intermedio…)
  3. Supongamos una jornada laboral de 8 horas y meses de 4 semanas, para saber cuánto nos cuesta cada hora de este trabajador
  4. Al trabajador le han dicho que dispone de media hora para su presentación
  5. El trabajador dedica unas 4 horas a la preparación de la presentación
  6. A la presentación están convocadas 10 personas, la mitad de ellas con mayores salarios que el trabajador que hace la presentación; la otra mitad, con salarios similares al suyo
  7. No nos olvidemos de la amortización de equipamiento (proyector, pantalla, ordenador, flipchart, mando…) y mobiliario (sala, mesas, sillas…) así como de los gastos en consumibles (agua, rotuladores, papel…). Lo sé, lo sé…pueden ser solo céntimos o algún eurillo, pero es dinero, ¿no?

Hace unos días asistí, sin muchas expectativas, a una jornada sobre finanzas, inversión, mercados bursátiles…y todos esos temas que a los no financieros nos producen siempre un cierto repelús.

         Repelús (según la R.A.E.): m. Temor indefinido o repugnancia que inspira algo.

Pero esa jornada me ofreció una sorpresa y una confirmación. Vayamos por partes:

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