Debate a 4

Ha sido un debate bien moderado, no con un moderador espectador. Ha sido un buen debate. También es verdad que lo ha sido en comparación con lo malos que han sido los otros que hemos presenciado. Inevitable percibir cierta cara de hastío de Ana Blanco; creo que ella veía más allá que lo nosotros somos capaces de ver desde nuestras casas. Vicente Vallés el más contundente. Pedro Piqueras, correcto.

¿Qué quién ha ganado el debate? Pregúntale a cada partido y a cada simpatizante. El mío, por supuesto. Los otros tres…puassss. Para mí, no ha habido un perdedor ni tampoco un ganador claro. Pero no es eso lo que me ocupa.

Las posiciones claras desde el principio: Mariano con corbata azul; Pedro, roja; Albert, con chaqueta pero sin corbata; Pablo, camisa remangada. Si sabían que iban a tener dos micros de solapa, error de Pablo en su vestimenta, pero acertada para lo que representa (aunque quizás algunos esperaran una imagen más socialdemócrata).

Sobre el debate en sí: ¿fue a cuatro? ¿fue a dos (tres contra uno)? ¿fueron dos debates a dos? Pasó por todas estas fases, pero fue un debate, que ya es decir. Y curioso, con Rajoy ocupando el extremo izquierdo e Iglesias en el extremo derecho…ironía de los organizadores, quizás.

Los episodios de dato contra dato no son nunca eficaces; la audiencia solo recibe el impacto de una cierta información, pero es –somos- incapaces de digerir tanta concreción numérica.  Y si no la digerimos, no nos influye. Emoción contra dato, gana emoción. Dato con emoción, gana. Avalancha de datos, pierde. No son lo hechos, sino lo que significan esos hechos lo que nos gana o nos pierde. ¿Se convierte en verdad lo que se dice con mayor contundencia y repetición? Piénsalo, desprovisto de ideologías o tendencias naturales (difícil, ¿verdad?).

Esto es lo que he visto, uno a uno, en los candidatos, de izquierda a derecha (según posiciones frente a las cámaras, insisto):

Rajoy, el peor comunicador. Improvisa mal, no mira con firmeza, tropieza y se lía cuando se sale del guión, no tiene la rapidez suficiente y se desinfla en esas ocasiones. Utiliza mal incluso las tablillas y gráficos dispuestos para mostrar. Se defendió, sin embargo, como gato panza arriba, sobreviviendo a un triple ataque con dignidad y datos.

Minuto de oro: comienza con un “Buenas noches” como si acabara de llegar… cuando llevamos dos horas de debate; no miró a la cámara, no nos miró a nosotros. Mirada poco consistente la de Mariano, difícil de comprender en alguien con su experiencia a estas alturas. Quiere contagiar la idea de gran país pero, sin embargo, no cierra con un eslogan potente que lo defina, se deshilacha en un final vacuo e inconsistente.

Sobre los posibles pactos: dice que pactará con los españoles,  y que lo hará con partidos moderados y sensatos… con líderes moderados y sensatos. En el aire la respuesta, cuando podía haber sido claro y no emplear circunloquios. La respuesta no debe darse nunca por entendida, una premisa básica de la comunicación eficaz.

Su frase: “Aquí no se viene a hacer prácticas; aquí se viene aprendido”. Remarca la diferencia entre su experiencia y la de los otros candidatos.

Sánchez: formalmente un buen comunicador, de técnica casi impecable. Semblante de fingida amabilidad, quizás sobreactuado. Vocalización y modulación vocal intachables. Mantiene la mala costumbre de no contestar a lo que se le pregunta y el público -cada vez más formado y crítico- no perdona las evasivas o las respuestas simples. Fue a por el adversario equivocado, el Partido Popular, pero con los recursos de siempre. No parece que se haya arrancado la espinita la negativa de Podemos a sus intentos de investidura, repitiéndose hasta saturar la idea.

Minuto de oro: mirada sobria y convincente a la cámara y, por ende, a nosotros. Llamada al voto del miedo, de lo malo que hay, de lo mal que ha ido todo… y demasiadas veces sus siglas PSOE, PSOE, PSOE. Mensaje antiguo.

Sobre los pactos posibles: no contesta y no contesta y no contesta. El PSOE (una y otra vez las siglas) sale a ganar.

Su frase: “Yo soy un político que hace lo que dice” En principio parece una sentencia algo prematura, ya que Pedro Sánchez no ha gobernado y no se le conocen hechos.

Rivera: formalmente un buen comunicador, de técnica casi impecable (sí, lo sé, dije lo mismo de Sánchez). Su puesta en escena resulta natural, aunque en el arranque del debate balbucea y parece que le cuesta entrar en calor. Quizás demasiado dogmático, sin embargo es el único capaz de alabar algunos aciertos de sus adversarios, con lo que quiere transmitir mayor ecuanimidad e imparcialidad que los otros candidatos.

Minuto de oro: mirada relajada, segura y convincente a la cámara. Cierta evocación a Martin Luther King, con su sueño sobre un país ideal; buscada identificación con el espectador (si usted, como yo, es de los que piensa que…). Eslogan final motivador de cambio a mejor.

Sobre los pactos posibles: al estilo de Rajoy, pero en positivo (“por supuesto que habrá acuerdos”), pero sin concretar “con quién”, ya que fundamenta su futura decisión en el “para qué”.

Su frase: “No me subo al carro de las promesas sin memoria económica” Intenta con ello distanciarse de la manida costumbre del político en campaña de prometer acciones sin avalar los recursos que la sustentan."

Iglesias: es un gran y hábil comunicador, como pez en el agua ante las cámaras, siempre ágil de palabra y de dialéctica eficaz y aguda. Denota cierto ejercicio de grandilocuencia y autoengrandecimiento al incidir tantas veces en la frase “en un debate de candidatos a la presidencia”, como si fuera un hecho aún ajeno a él y al que intenta incorporarse. Demasiada lectura en esta ocasión, para lo que nos tiene acostumbrados, así como una mirada poco centrada durante frecuentes espacios del debate. Poco creíble cuando suaviza el tono y lo convierte en conciliador. Incorpora un vocabulario más sentimental en campaña, que usa con maestría.

Minuto de oro: impecable dominio de la cámara, de los silencios y de la expresión; mensaje corto e ilusionante, sazonado con palabras evocadoras como alegría y esperanza, con un brillante broche final donde conjuga su intención con el nombre de su coalición política.

Sobre los pactos posibles: lo expresa sin duda, con claridad y sin rodeos: pacto con PSOE para evitar que el PP continúe en el poder. Lo malo es que ya lo había dicho un par de veces en cada bloque del debate.

Su frase: “¡Dios no lo quiera!” Quiero creer que usa esta expresión por ser coloquial, ya que nada tiene que ver con sus creencias. O eso, o se refería a los mercados. O nada.

Me haría falta otro debate. Y que toda la campaña fuera eso. Luego, a votar.

 

 

 

 

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