Ponentes que leen

En mis cursos, cuando pregunto qué es lo que no gusta de un orador, siempre sale un “que lea”. Y, en el 90% de los casos, esta opinión es siempre una de las tres primeras aportaciones que hace la gente. Siempre.

Y, si toda la gente a la que le pregunto está de acuerdo con esta postura…¿cómo es que todavía hay ponentes que leen sus presentaciones?

¿Te crees el centro de atención?

 

¿Qué es eso que te pone tan nerviosa al hacer una presentación? ¿La posibilidad de quedarte en blanco? ¿Crees que puedes hacer el ridículo? ¿Saber que vas a ser el punto de mira de alguna decena de pares de ojos? ¿Es tu aspecto y el qué dirán? ¿Tratas de quedar bien? ¿Intentarás no parecer tonto? ¿Crees  que hay gente en la sala que sabe más que tú del tema? ¿Intentas no parecer demasiado simple o demasiado espesa? ¿La posibilidad de no caer bien o de no gustar a todo el mundo? ¿Nervioso porque noten que estás –efectivamente- nervioso? ¿Qué se te va a notar que te tiembla la voz?

Vas bien encaminado. Pero todo eso no cuenta. Solo cuenta lo que parece. Y solo lo que parece a los demás, no a ti. Lo que te parezca a ti importa un pimiento…o menos. Una presentación es un juego de percepciones. Si estás ahí de pie para contar algo, es que todos los que han ido a escucharte (y verte), no saben algo de lo que vas a contar. Y si alguien (cree que) lo sabe todo, será una minoría. Pero normalmente no es así.

Y qué si te tiembla la voz. Y qué si te quedas en blanco. ¿Crees que eres la única persona a la que le ha pasado?. Nos pasa a todos. Antes o después. Se trata de que la situación no pueda contigo. Ríete. ¿Te has quedado en blanco? ¿Por dónde iba…? Tira de ellos, son gente como tú.

¿Te crees el centro de atención de todas las miradas? 

Pues sí, lo eres. Es tu oportunidad…¡aprovéchala!

Cuando veo esta combinación explosiva en un escenario, sé que no hay técnica ni curso para hablar en público que la supere. Lo he vuelto a vivir.

Hace unas semanas tuve la fortuna –esto sí que es riqueza- de estar en el primer encuentro de The Knowmads Hub en el hotel Reserva del Higuerón de Málaga, donde se concentraba la mayor colección de talento que he presenciado nunca. Y no hablo sólo de talento profesional sino, sobre todo, humano.

Unos cuantos de estos Knowmads compartieron con el resto una parte de sus experiencias y de sus conocimientos, de su pericia y de su vocación. Desde el arte hasta la ciencia, del diseño a la aventura, del cerebro al músculo, de la empresa al mentalismo, de la música a la cerveza…polos lejanos de temas tan dispares como desconocidos y atractivos. Allí se vio eso.

Por favor, no lo hagáis

Para cualquiera que no esté ya pelado de dar conferencias ante un público numeroso, mantener el interés de la audiencia es un reto considerable –aunque también estimulante, debo decir...

En circunstancias normales, ya supone un esfuerzo monumental preparar una buena exposición: elegir bien los contenidos, estructurarlos y ordenarlos, diseñar los apoyos visuales, ensayar la puesta en escena personal… y, si no se tiene costumbre de hacerlo, superar la fase de ansiedad los días previos al acto y los nervios lógicos del día D.

Con toda la carne puesta en el asador, el presentador -consciente de la trascendencia del acto- se empleará a fondo para persuadir y entretener a su ávida clientela; luchará contra la monotonía y contra sus propia inseguridad; querrá mantener la atención e interés de la gente a toda costa. Querrá triunfar.

Pero, en algunos de los últimos eventos a los que he asistido, el ponente ha tenido que luchar también contra un enemigo monstruoso, puesto ahí por los propios organizadores del acto, no se sabe bien por qué espurios motivos: los tweets en directo, proyectados en la pantalla, a espaldas del presentador… Otro foco más de distracción, muchas veces más poderoso que la propia conferencia, que aprovecha los mínimos detalles de la ponencia, buenos y malos, para generar contenidos.

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